domingo, 13 de novembro de 2011

nº 124 A lenda de Brandomil.


A seguinte história encontrou-me quando dava uma vista de olhos a um exemplar do jornal viguês Vida Gallega datado em 1918. A sua leitura resulta verdadeiramente deliciosa, pelo bem escrita que está, pelas ilustrações fotográficas, pela Galiza que transita entre o relato histórico e o mitológico.
O relato tem uma trama bem simpática: um grupo de amigos decide ir ao monte na procura de tesouros históricos, celtas em genérico, providos de cavalgaduras, picos, palas y palanquetas e dum ajudante anónimo, que digo eu faria às vezes de sherpa.
Os excursionista com nome são: Adelardo Novo, autor do relato e que o assina em Noya, Félix G. Caamaño, José Blanco Novo, o incrédulo Carrascosa e um tal Acitores. 
De todos estes ao único que dei identificado foi a Adelardo Novo Brocas, um homem com uma biografia que de ter eu talento, gostaria de por em forma de romance. Nasceu no Ferrol, como quase que todos os grandes galegos, em 8 de setembro de 1880. São muitas as histórias que se poderiam contar dele, mas achego só uns breves apontamentos.

Adelardo Novo

- Em 1904 emigra a Cuba, donde é expulso em 1917 por causa duns artigos publicados em Vida Gallega. Retorna à Ilha caribenha em 1919 pelo que o artigo que transcrevemos baixo estas linhas foi escrito em metade deste exílio. 

- Em 1930 visita novamente a península, fazendo a viagem transatlântica nada menos que a bordo dum zepelim, o Graft Zeppelim.

Graf Zeppelin
Fonte: La cantera

- Retornado definitivamente a España, o governo da república nomeia-o Gobernador Civil de diversas cidades até que em 1936 os fascistas o encarceram, morrendo em prisão em 1939.

A Lenda de Brandomil não tem desperdício. Aqui os arqueólogos amadores fazem arqueologia de pico e pá, levantam pedras e até tiram uma fotografia para deixar constância das suas façanhas. O que se diz discretos, não eram. Em fim, bem mirado, a coisa, a dia de hoje, não mudou muito. Os destrutores do património seguem mostrando o seu bom fazer no papel impresso; se antes era Vida Gallega, agora é na Voz de Galicia ou diretamente no DOGA. E se não que lhes perguntem aos de Taramancos...

Tradiciones gallegas
LA LEYENDA DE BRANDOMIL
POR ADELARDO NOVO

En cuanto oyó Carrascosa hablar de dólmenes, mámoas, vías romanas y de tantas otras huellas descubiertas, en le monte Barbanza, del paso de los celtas, no pudo contener la risa y con el mismo desdén de un arqueólogo convencido, nos dijo:
-         - ¡Bah! ¡Esas son leyendas!
-    - No, Carrascosa, no; no son leyendas, que mañana mismo vamos á Barbanza. Usted buscará picos, palas y palanquetas, una caballería que cargue con todos esos chismes y ¡arriba! ¡á la cumbre!  Á revolver en esos sitios donde hay vestigios celtas y á ver lo que encontramos.
-          - ¡Que hemos de encontrar! ¡Bah! ¡Esas son leyendas!
-     - No son leyendas, Carrascosa, no son leyendas. Usted ¿no ha oído hablar del hallazgo de un collar de oro? ¿No ha oído usted hablar de la aventura de Romaní? Romaní, un día, haciendo no se que excavaciones cerca de un camino, descubrió una cosa así como un horno. Había un montón de polvo finísimo y al lado del polvo, una punta de flecha ó de lanza, joya valiosísima como documento histórico de un periodo remoto. Que venga Romaní. Le oirá usted hablar y él mismo nos dirá hacia donde está ese lugar en el que descubrió el horno, aquel horno que no era otra cosa que una sepultura celta, y por allí, por allí excavaremos nosotros también.
Vino Romaní. Explicó con pelos y señales el hallazgo de aquella flecha ó lanza. El tampoco estaba muy seguro de lo que era aquello que había encontrado. Explicó también cómo lo habían despojado de esa joya celtíbera que se exhibió, para admiración de curiosos y eruditos, en la Exposición de Santiago. Y no había dado la vuelta Romaní, cuando Carrascosa, en el mismo tono socarrón de siempre, exclamó:
-          - ¡Bah! ¡Esas son leyendas!
-         -  Bueno, leyendas ó no, ¡á Barbanza!
Y allá fuimos hace unos días Félix G. Caamaño, José Blanco Novo, el incrédulo Carrascosa, hombre conocedor del terreno y práctico en caminos y encrucijadas. Acitores, otro ayudante que consideramos necesario y el autor de estas líneas.
La ascensión por las estribaciones del Barbanza, fue cosa entretenida. A medida que subíamos, el panorama iba apareciendo á nuestros ojos, hermoso, soberbiio. Y es que esta montaña se alza arrogante en medio de una de las comarcas más pintorescas de Galicia.
Sin rumbo, porque á última hora no pudimos concretar los lugares en los que el tiempo no ha podido borrar el rastro que dejaron los celtas, en sus correrías por estas tierras, vagamos por esta inmensa montaña, mirando aquí y allá, y riendo las humoradas de Carrascosa, satisfechísimo cada vez más de ver confirmadas sus dudas y con tanta suerte en sus excentricidades que ya decidido á amenizar la excursión removiendo piedras, para mayor escarnio de nuestras ilusiones, de debajo de la primera que levantó salieron corriendo dos monísimos ratones de monte, que nos dejaron fríos mientras Carrascosa reía á mandíbula batiente.
Nuestros entusiasmos investigadores fueron decayendo considerablemente.


Después de comer, nos entregamos á una siesta larga, muy larga.
Y ya cabizbajos y meditabundos regresábamos á nuestros lares. Abrumados por el peso de tanto infortunio, hicimos alto á la sombra de unos peñascos, para descansar y tomar alientos. La marcha se hacía cuesta arriba, aún cuando era cuesta abajo. Íbamos fracasados, completamente fracasados. Y aún el fracaso nuestro no era lo peor. Lo peor era el triunfo de Carrascosa. ¡Carrascosa, que siendo asistente de un capitán, le estropeó un par de calcetines y unas ligas, porque no supo separar las ligas de los calcetines! ¡Carrascosa, que llegó á creer que el termo era una leyenda como la de los dólmenes!


En estas y otras consideraciones, mudos todos, pasando la vista vagamente desde aquellas alturas sobre los numerosos caseríos que se descubrían, surge ante nosotros la tradición, como si la tierra se hubiese abierto para darle paso á la leyenda que de lar en lar había ido, años y años, abriendo las bocas de estos crédulos paisanos. Es un viejo que busca una vaca perdida. Y en un gallego dulce, enxebre, garimoso, nos interroga:
-          - Y ustedes ¿hace mucho que están por aquí?
-          - Sí, llevamos todo el día, - le contestó Caamaño.
-         -  Y ¿no habrán visto una vaca?
-         -  No; no hemos visto nada.
-         -  Se me fue esta mañana y no sé por donde rayos andará.
-     - Y usted –interviene Carrascosa, este arqueólogo chungón que nos acompaña y nos desespera, y que ya no cree ni que haya vacas en el mundo- ¿no ha oído hablar de unas piedras que dicen que hay por estos montes y que tienen mucho mérito y que están señaladas con unas letras?
-          - Y esas letras ¿serán mayúsculas?
-        - No hombre, no; le dice uno que acompaña á este viejo. Son unas letras que para ti y para mí no lo parecen, porque no entendemos de eso, pero son figuras romanas que los entendidos adivinan lo que dicen.
-    - Pues yo no señor, no le se de esas piedras y no le tengo oído nada. Yo sí, le tengo oído decir que allá arria le hay una piedras furada, y dicen, yo no le sé, que la furó una vieja hilando, hace mucho tiempo. También le oí decir que allá abajo le encontró un cantero de Noya una lanza. Y dicen que le dieron catro mil reás por ella. Pero no se si será cierto. Lo que sí le oí contar á mi padre –y aquí empieza la leyenda- fue lo de Brandomil, que ustedes ya lo sabrán.
-        -  Y ¿qué es lo de Brandomil, hombre?  Inquiere curioso Carrascosa.
-      - Pues verá: dicen que, una vez, un mozo de Brandomil encontró un papel escrito muy antiguo, en el que decía que en el monte de tal había veintitantos montones de tierra: que en uno de ellos, en el que miraba al poniente, estaba enterrado un tesoro que haría feliz al que lo encontrase. El mozo no pudo guardar el secreto y se lo comunicó á otro amigo á quien le propuso que le ayudara á desenterrar el tesoro. Así se lo prometió el amigo y convinieron en ir una noche los dos, con las herramientas del caso, en busca del tesoro escondido. Llegó la noche señalada y el primero en llegar al lugar de la cita fue el que había encontrado el papel. Estudió los montones de tierra. Observó cual era el que miraba al poniente y se puso á cavar en él durante unas horas, sin hallar absolutamente nada. Rendido en la faena, desilusionado por completo, falto de los alientos que le hubiera podido comunicar su amigo, que no aparecía por ninguna parte, se fue para su casa, renegando de su suerte y pensando en disfrazar su ambición con una disculpa. El no había querido molestarse siquiera, por eso no había acudido. Aquello era una broma. Su amigo, como no había ido, lo creería y su vergüenza quedaría oculta.
Pero su amigo fue, fue más tarde. Despertó á la hora, pero no se levantó. Que vaya él trabajando –se dijo- y más tarde iré á ver lo que hay. Y así lo hizo. Muy de madrugada se fue la lugar de la cita. Pronto vio el montón de tierra que su amigo había desbaratado. Y perplejo ante aquellas señales, se puso á pensar angustiado: ¿Lo habrá encontrado? ¿No lo habrá encontrado? Por si ó por no se dispuso á continuar la labor. A lo mejor –pensó- se ha cansado y el tesoro puede estar más abajo. Dio un golpe con el pico que llevaba, en el lugar más hondo de la cueva abierta por su amigo y siente el alucinante chasquido del pico contra un objeto de barro. Prosigue con verdadera alucinación su trabajo y descubre una gran olla chea de onzas d’ouro. Oxe é a casa mais forte de Brandomil…
Carrascosa no pudo reprimir una sonrisa de incrédulo que nos dedicó á todos los que escuchábamos con deleite aquella pintoresca versión, referida en las estribaciones del histórico Barbanza, á las horas en que el sol, declinando, pone en todas las almas un no sé que de recogimiento y de fé que adormece.
Pero Carrascosa había triunfado. Fuimos atraídos por la leyenda y solo una leyenda, la leyenda de Brandomil, trajimos de aquella memorable excursión á Barbanza.
 Adelardo Novo.
Noya, Septiembre de 1918.
Vida Gallega nº 115; 10/10/1918 

sábado, 5 de novembro de 2011

nº 123 Cantos Lusófonos



Já está em papel os meus Cantos Lusófonos, o meu terceiro livro e sem dúvida, o mais pessoal. São setenta peçinhas acumuladas em toda uma vida de cantor, em toda uma vida de cantar. Há melodias que levam comigo desde criança, outras aprendi-nas com os companheiros de Leixaprén, do Coletivo Arma-danças, com Maria Manuela, mas a maioria são o fruto de muitos anos de andar entre cancioneiros como um ratinho melómano e fanático da cultura popular. Queria que um feixe dessas canções falaram de mim a gente. Já era tempo.
Mas os Cantos Lusófonos é um livro de autoria coral. Os autores principais somos a minha mulher Teresa e mais eu. Quando namorávamos de fim de semana eu sempre lhe levava uma quadra no peteiro que ela prendia da orelha como quem prende uma flor. Logo casamos e na espera de ser pais, as canções foram o melhor remédio contra o desespero... Então chegou Dália, e a música que levávamos tanto tempo entesourando não nos deu para lhe dizer o muito que a queremos. É por isso que o livro leva uma dália perfumando na capa.
Também são autores César, Manolo, Xosé Ameneiro, Miro e Xoán (Leixaprén); Ugia Pedreira, Ramom Pinheiro e Servando Barreiro (Arma-danças), Manuela, Xurxo e Paco Barreiro (María Manuela) e a quinta do 12 de Outubro e as suas jornadas terapéuticas filogastronomicomusicais.
Por último são co-autores centos de crianças que em tantos anos de mestre de música aturaram os meus cantos lusófonos, admirados de que todos eles fossem tão doadamente percebíveis.
Resulta-me complicado dizer todo o que quisera sobre este livrinho de canções de fundo de almário, assim que colo aqui fragmentos das três grandes cantoras lusófonas que me prologaram: Uxia Senlle, Ugia Pedreira, e María Manuela (esta em forma de desenhos).

«Cantos Lusófonos é um trabalho necessário e urgente. Estamos num momento determinante para a sobrevivência da nossa língua e sabemos que cantando o nosso acervo rico e comum podemos ter esperanças fundadas nas mil primaveras mais que Cunqueiro alviscou.»
Uxía Senlle


«A música popular não rejeita nada, é esponja que absorve e modela as formas no tempo. A música lusófona é um microchip minúsculo latente e vivo. A música lusófona não sabe que gosta e se emociona imensamente consigo mesma, assusta-se de tanto amor como se tem. A música lusófona é um ADN, um Santo Graal, um dinossauro vivo... tem mil hipóteses, muitas perspetivas, mais voltas e reviravoltas. Porém, isto só será visível para quem quiser ver com os 5 sentidos + um... Nas mãos tem você um cancioneiro que lhe pode adoçar um instante de vida...»
Ugia Pedreira


María Manuela

Também os da Academia Galega da Língua Portuguesa escreveram algo tão lindo como isto:

Breve resenha:
Com este Cantos lusófonos. Cancioneiro Popular, José Luis do Pico Orjais, apresenta-nos, fruto da sua pesquisa no âmbito da historiografia musical e do seu gosto, setenta peças tiradas de cancioneiros galegos, portugueses e brasileiros.
Com duas breves e intensas apresentações de Uxía Senlle e Ugia Pedreira vão cá aquelas letras, lidas uma e outra vez dos principais cancioneiros, postas em papel por Casto Sampedro, Lopes-Graça ou Veríssimo de Melo, escutadas e interpretadas até criarem na memória musical do editor um bom stock de canções tradicionais que agora se oferecem ao público, acompanhadas de partitura e em formato popular para serem tocadas e cantadas.
Trabalho necessário e urgente, com vocação de esperançadora mensagem. Espelho e esponja viva que larga a música tradicional galega na corrente lusófona infinita, para compreendermos e desfrutarmos a perspectiva total de que somos parte. Convidando à festa, à participar da música e do canto, agrupam-se as melodias por blocos, não com critérios taxonômicos, senão mais bem colocando o repertório tal e como o editor na sua experiência gostaria de tocá-lo jeitoso.
Cumpre com este volume a AGLP o desejo de ver editado, em conjunto lusófono e para público lusófono, parte destacada do acervo da nossa cantiga popular. Obrinha muito útil, seguindo as linhas populares das Edições da Galiza, que a paixão de um mestre, a experiência de um intérprete e a erudição de um historiador da cultura galega convertem não apenas num repertório divulgativo quanto numa ferramenta de comunicação destinada a recuperar o canto nos espaços populares, educativos, associativos, festeiros.
Vou já cantar as cantigas, para que fui convidado.

Se alguém quere comprar Cantos Lusófonos fazer pedido na loja de imperdível:

Ou no correio da AGLP:


Ficha técnica:

Coleção "Clássicos da Galiza": Volume 3
Desenhos: Maria Manuela Diaz Orjales
Coordenação editorial: Heitor Rodal Lopes (Edições da Galiza) e Ernesto Vasques Souza (AGLP)
Adaptação e revisão textual: José Luís do Pico Orjais
Correção textual: Carlos Durão e Fernando Vásquez Corredoira
Promove: Academia Galega da Língua Portuguesa. Rua Castelão, nº 27 - 15900 Padrão, Galiza
Edição: Edições da Galiza, 2011
ISBN: 978-84-936481-4-5
Depósito Legal: SE-7169-2011

segunda-feira, 17 de outubro de 2011

nº 122 Ai como chove!

Fai uns dias, fui como de costume recolher a minha filha no infantário de Dodro. Quando nos dirigíamos ao carro, escutamos cantar esta cantiga a uns avós que foram, por sua vez, recolher ao seu netinho :

Ai como chove! 
Na casa do pobre,
na casa do rico
não cai um chuvisco.
Escoitar aqui.

Com a que está a chover, o texto deste cantar pareceu-me um magnífico slogan para nós, os indignados que votamos. Também achei que enquanto os avós continuem a cantar aos netinhos, há motivos para a esperança.

domingo, 9 de outubro de 2011

nº 121 Atas de Santalices e congresso de Guerra da Ca.

Já estão nas lojas as atas do congresso Faustino Santalices, ciencia da gaita, consciencia da zanfona, publicadas por Difusora de letras, artes e ideas. A Difusora foi a editora que publicou o meu primeiro livro, Cantos e bailes da Galiza, que também era um dos primeiros que tiravam do prelo. As suas edições são magníficas, bonitas e funcionais, uma alegria de igual tamanho para o bibliófilo que para o investigador.
O meu texto titula-se Faustino Santalices e o seu tempo e ocupa as páginas da 41 à 53.
Os meus parabéns aos irmãos Castro Vicente e o Xavi Paz, os meus amigos de Ourense; fico obrigado com eles por ter cuidado tanto o meu artigo e ter contado comigo uma vez mais.


Quero aproveitar a postagem para convidar-vos à palestra que darei em Compostela esta segunda feira, 11 de outubro, às dezanove horas na Fundacion Caixa Galicia. Rua do Vilar, 19. O tema versará sobre a música em Ernesto Guerra da Cal, no colóquio organizado com motivo do centenário do seu nascimento. Se vais, falai-me.



sexta-feira, 23 de setembro de 2011

nº 120 Para uma historiografia da sanfona.


Um dos meus centros de interesse neste momento é a figura do sanfonista desde um plano não estritamente biográfico ou do reportório, o mais frequentado nos nossos tempos, senão questões paramusicais, da representação, técnicos, etc. Considero que falta uma interpretação profunda da historiografia existente e que a documentação recuperada foi exposta com certo descuido; deslumbrados pelo dado superficial, esquecemos apurar toda as respostas.

A investigação documental não deve esquecer as achegas gráficas, venham duma nova de jornal, a ilustração dum livro ou duma figurinha de presépio. O nosso discurso terá coerência, só se somos quem de relacionar todas estas fontes de informação, conhecerem o grau de verosimilitude das mesmas e, finalmente, tirar conclusões históricas. 

Sobre a sanfona e os sanfonistas há toda uma nebulosa de opiniões e pareceres pelo que quase haveria que falar de sanfonismo, aludindo ao conceito de folclorismo tão amplamente desenvolvido por Josep Marti.

Nos últimos tempos estou a pôr baixo a lupa, ou quase melhor ao microscópio, a documentação que durante tantos anos estivemos a manejar sobre o instrumento da roda e do beu. Figuras como a de Faustino Santalices cobraram para mim uma nova dimensão quando comecei a considera-lo como uma personagem criada por si próprio e o principal responsável do construto sanfonil no que hoje nos movemos.

Em breve aguardo se publiquem novos trabalhos nos que ponheremos em circulação informação novidosa e no que ficará bem ilustrado alguma das ideias que acabo de expor. Agora só quero falar de dois documentos que me impressionaram muito.


Na página da wikipédia referente ao verbete organistrum:
http://es.wikipedia.org/wiki/Organistrum podemos ver um detalhe dum dos conhecidos quadros do cego da sanfona de de la Tour.





O criador do artigo da Wikipedia destaca a precisão com a que o pintor francês desenha os papelinhos e os algodões protetores das cordas. Resulta muito emocionante ver este recurso de sanfonista plasmado num quadro pintado no século XVII. Mas há outras coisinhas interessantes: a postura que adota o cego com um pé apoiado num tijolo, a mosca (mousche) sobre o guarda-pó e a magnífica postura das mãos colhendo o béu ou digitando o teclado.

Mas o documento que mais me tem impactado nos últimos tempos é o magnífico artigo de Xulio Alonso Sánchez (27/05/1859 Lugo; ?/01/1916 Cangas do Morraço) publicado em A Monteira, Nº 14, 4 de janeiro de 1890, pp. 106-108. No contexto duma boda de aldeia aparece uma sanfonista com a sua lazarilha. Vai-se introduzindo no convite até se converter na autêntica protagonista. A descrição da performance é extraordinária, das características próprias do ofício, feita por alguém que deveu ser espetador das atuações duma destas músicas cegas. Se não conhecias o texto, desfruta dele como eu desfrutei.

Unha boda

Xa sán d'a irexa. Diante ven a noiva co a madriña, dempoil-noivo c'o padriño y-a traseira váreos mozos e mozas, amigos y-amigas d'as famíleas, por certo algús d' eles marmulando d'a cara que puxo marica, qu'est' é o nome dá moza casadeira, cando lle tocou dal-o si, namentras qu' outros miden c'os ollos o ancho d'o terceopelo d'a manti-lla larga qu' ela leva, ou arroparan-os pindientes y-o sapillo que loce n-as orellas e n-a gorxa.

N-o adro aspéran-ô cortexo moita xente. Us por curiosidá y-outros levados ¡quen sabe! por outros sentementos, e non faltan rapaces debecidos, que se chusgan d' ollo, nin tampouco quen s' entreteña en votarll'o cont'ô que levan-os mozos d'a noite.

Moita trafega hai n-a casa de Manoel de Xanciño, pai de marica e donde vai sel-a boda. Cadra n-o Carnaval y-alí non falta nada. matous'unha xata, qu' estaba encortellada dende fai tres meses, dous carneiros d'o fumeiro, baixous'un pau de longaniza y'hai tamen unha froumada de miudos de cocho, como lacón, dent' e barbada, non faltand'o arroz con leite.

Todol os pistos están en cazolas e n-un pote ô redor d'un gran lume feito n-a lareira, e n-o que arde médea carretada de garrochas. ¡Que bouréo! Hastr'os homes se meten a cuciñar. Algun hai que xa ten-os dedos untados de pemento, y-outros quentan-a badila pra dourar logo co-ela os pratos d'arroz, qu' están postos en gorde en-riba d' unha gran artesa. As mulleres, que non lles gustan estas maricadas, están que rabean.

A eso d'as doce sob'ô piso a Tia Xacinta ou Xinta, que por calquera d'os dous nomes responde, saca d' un almáreo un gran mantel y-entr'ela y-a madriña, xuntan dúas mesas e cóbrenas logo co el, baleirando enriba unha cesta chea de pantrigos e colocand'os xarros de viño, que pol-o barrigudos ven pod' aventurarse leva cad' un d' eles médeo canado.

Van chegand' os convidados, parentes d' unha y-outra parte, montados en égoas, dás que hai pol-o menos vinte n-a cadra xa.

As mulleres van dreitas â enciña, y-os homes danll'a tarabela (lease língoa) n-a aira. Quen lle vota ditos churrusqueiros ôs noivos, quen fala d'o ano e d'a cosecha e todos pensan mais ou menos sacal-a barriga de mal ano, quentándos' os cangos.

Xa está a mesa posta y-a madriña vaixa e vai pol-os corros chamando â xente pr'a xantar, e xa arriba, sentase po-lo gorde siguente: o Crego y-a madriña, de cabeceira, sig'a noiva, dempois os mais achegados y-os parentes d'a familea. Esto â dreita, a ezquerda d'o Crego pons'o padriño, o noivo, un tio d'este, úneco parente que tén, o patrón d'a casa y-os demais achegados. Xa están, pois, todos acomodados e comenz'a comida pol-o caldo de cimos, qu' abofellas ten unha tona de catro dedos, siguindo logo as tarteiras de carne, qu' asomellan serras pol-o grande, moitas e cheas que veñen. Alí hai pra todol-os gustos: o bon dente, que parez sandía pol-o rúbio, a cachola etc. Un brinca qu' un lacón, que n-un dicir ¡Xesús! deixô posto en anacos; outros pasan-as cacholas pr'os maores, non s'esganen c-un oso os rapaces y-o partil-a longaniza, salt'o moao... que da grórea. Mais alá outro hai que folguex'ô devidir médea perna de xato, e todos, o que mais o que menos porparanse pra dar que facer ôs dentes. Por soposto, o pirmeiro prato y-a millor tallada son pr'o Sr. Abade, que por certo non se fai de rogar.

Os homes tiran unhas fumadas entre prato e prato, trafegas'o viño que da xenio e xa a xente vai quencendo y empeza haber foliada. Us tíranse rafas de pan, outros, ledos como tolos, non lles coll'o pan n-o corpo nin acougan sin facerlles picardías âs rapazas y o final quimas'unha gran fonte d'augardente con viño, rapartindos'entre todos.

Empezan a sail-os contos, algús non de moi boa lei, bríndase pol-o padriño e Xosé d'Outeiro apert' ò Sr. Abade pra que fale.

Este, qu'está colorado e riseiro, dícelle: non faltará a miña palabra, qu'ha de ser d'o agrado de todos, como é o casamento qu'estamos celebrando; pro antes divirtídevos rapaces, e sobre todo, que sall'o padriño â currada, onde deben estal-os d'a rúa, pois eu sinto aturular. 'O qu'o aludido responde: boeno, veña logo un xarro e vasos y-alumádeme.

Sai o tal â portada, ond'está a mocedá d'a parroquia, envoltos en xergas ou mantas e beiland'o son d'a zanfona que toca unha cega a quen c'os ferrillos acompaña unha rapaza. O padriño envorc'o xarro n'os vasos, métese n'o corro dó baile ofrecendo viño, que n'un instante s'espabila, mando logo por outro xarro, ind'os rincullos, onde non todos queren beber é ser vistos, y-hastr'apagan-o candil tapándose moi ben.

Feito este deber dó padriño, que de non cumpril-o sería un porco, a cega pergúntalle si lle dá licéncea pra subir. Non se fai esperal-o premiso, subindo aquela ô cuart'onde rebrinc'a xente ainda n-a mesa.

-Boas noites teñ'a xente d'esta casa, dí a rapaza d'a cega.

-Boas noites, dí tamén a cega, de a todos e que Dios entr?aqui pra ben d'a famílea.

Séntase logo n-un taburete e pons'a tempral-a zanfona, mentral-a rapaza, qu' é unha laberca, votall'unha ollada á canto hai drento d'a habitaceón, porparándose pra leval-o compás co-a pandeira e falar ô ouvido d'a cega.

Os convidados, que xa tiñan-o viño n-o faiado, poñens'a berrar, dicindo: «vaia veña unha cantiga pronto», y-a cega empeza c'un cantar médeo gallego e médeo castillano:

«Vivan el novio y la novia,
el cura que los casó,
los padriños, la madriña,
los convidados y yó.»

Ben, ben, dicen â unha; outra, outra.

A d'a pandeira vólvenll'a falar â cega ó ouvido.

-Ahi vai, dí a d'a zanfona:

«Vivan el novio y la novia,
dios los degue prosperar,
que al cabo d'algunos meses
tengan ya de bautizar.»

Asi me gusta, din os mais feros, d'esas, d'esas, que tamen lle gustan ô padriño.

A cega, que sigue toca que te toca, dí estonces: -Ahora vai co él:

«Estou mirand'o padriño
qu'está xunto d'a ventana,
ten o bolsillo ben quente
e boas vacas n-a cabana.»

Todos rin a quen mais ô vel-o inxéneo d'a cega, pro deteñens'ô ouvir que vai encomenzar outra;

«A madriña, qu'está enfrente
mira pra el que da grórea,
queira Dios qu'hoxe nun ano
lle cantemos n-a súa boda.»

Volven todos á festexal-a saída d'a cega, quen moll-a palabra c'o viño que ll'ofrece o padriño, dempois d'o que sigue votando copras a todos, fin faital-a y-ama d'a casa, a quen ll'adic'a siguente:

«A Tía Xacinta está leda,
y-a cousa non é pra menos,
qu' acomodou a súa filla
n-a casa dond' hai torreznos.»

Vai a cega xa moi esganada de tanto cantar e ben lle ven que n'un entermédeo a leven pr'a cuciña, onde cura a laceira qu'a afrixe.

Entramentres, as rapazas convidadas van sacand'os regalos e poñendo á noiva os panos un enrriba d'outro. D' estonces o padriño, qu' é rumboso, ô ver a súa afillada tan engalanada, tirand' un peso n-unha roda sobr'a mesa, dí: «ahí vai pr'alfilleres.»

Outros dán o que poden.

Sando xa de noite, dispóñense â leval-a noiv' â casa nova, ou sexa a d'o seu home montan n-as bestas, e n-a que troug' o noivo, qu' é a mais arregrada, pons' a noiva y-o padriño. A madriña vai n'outra c'o noivo y-así n-as demais de dous en dous formando unha récoa, qu' aluman os mozos con facheiros feitos de palla.

Chegan logo â casa, ond' alcontran a céa porparada, que non desmerece d'o que foi a comida, e dempois de cear e colgarll'a madriñ' a rosca pol-a cabeza ô Abade e de repartir á cada convidado o seu pano de roscas, facend' outro tanto o padriño c-os cigarros, vanse dispidindo e votando cada un o seu riqulóreo de bendiciós, qu' así eu medre, que si todas lle can, han ter boas medas vellas, e...

o que queira saber mais, que vai' a escola.


terça-feira, 6 de setembro de 2011

nº 119 O rostro mais formosso.




Num lugar como Rianjo há tanto a ver que facilmente as coisas passam ante ti desapercebidas. Muitas vezes tenho cruzado de bicicleta pelo Montinho, em Taragonha, caminho do meu colégio. Mais de uma vez parei ao pé do cruzeiro para ver de ler as letras gravadas na sua base, identificar os santinhos que o adornam ou simplesmente gozar em conjunto duma obra para mim cimeira na arte dos pedreiros populares. Mas tenho que reconhecer que não foi até este verão que reparei na extrema formosura da imagem da virgem, um rostro que poderiam assinar os grandes mestres do renascimento italiano.
O mais curioso desta cara e do seu gesto bicudo é que me resulta familiar. Sei que parecerá uma tolice, mais até diria que tem um ar com alguma das meninas que passaram estes anos pelo colégio onde trabalho, e se alguém me dissera que a modelo foi uma sua antepassada, eu acreditaria.
Por tanto, fazei-me caso, se passais pelo montinho ao pé do cruzeiro, olhai para a menina-virgem e se como no meu caso, sois atéus, mostrai-vos devotos da beleza.



segunda-feira, 8 de agosto de 2011

nº 118 Meu Rianxo.

Hoje a minha parceira de aventuras, a minha bicicleta, levou-me a um lugar muito formoso de Rianjo, ao pé mesmo dum centro urbano que semelha viver de costas a ele. Quando montei na minha viatura nada suspeitava a onde esta me ia conduzir. Deixei-a ir a sua vontade, de vagar, com vocação de navegante.

Peguei em direção à praia do Tronco, ultrapassei o camping e colhi um camininho entre o mato em direção a Cortes. Ao subir uma costinha reparei que a minha direita havia uma senda de pedra que descia cara a algures, uma caminho ferrado de pedra dos que ainda ficam no nosso concelho e que são verdadeiras relíquias antropológicas.


Deixei a bicicleta e desci atento as lousas do chão que tantas coisas acostumam contar a quem sabe escutar. No topo do caminho, uma passadeira de pedra e uma contemporânea ponte de troncos dão passo a um lugar onde paga a pena ir, perder-se um bocadinho e desfrutar do momento. Mais nada.

Ao cruzar o regato, que deve ser o Grenla, ainda que não tenho a certeza, podes ver uma obra de engenharia popular incrível. São dois moinhos cuja atividade noutros tempo deveu ser muito importante. O que está mais acima no leito do rio conserva as quatro paredes, ainda que como o outro está sem o teito. Na jamba da entrada encontramo-nos novamente com cruzes gravadas, como tantas outras das que já tenho falado neste blogue na série Graffiteiros do Passado.




Numa das pedras da porta, há uma cartela onde semelha estar gravada de modo muito tosco os caracteres M 7.


O outro moinho, situado uns metros mais abaixo, pareceu-me uma obra de maior envergadura. As paredes que dão ao rio permite-nos intuir o que deveu ser este engenho em pleno funcionamento.



No entorno das edificações o mato ainda nos deixa ver toda a obra humana para canalizar a agua do regato, dar-lhe força, domesticá-la, etc.




A vegetação que nos arrodeia arrecende a loureiro. Efetivamente nesta laurisilva tão próxima ao centro urbano de Rianjo há louros, carvalhos, fentos, gilbarbeiras...

Mas quando abandonei o lugar na procura da minha bicicleta, e já menos preocupado no enlousado, percebi alguma outra coisa que não vira quando cheguei.

Toda a zona deveu ser uma canteira, onde os pedreiros foram trabalhando as rochas a flor de terra. De facto, há muitos rebos, restos do picado da pedra e marcas das cunhas e dos buris sobre as pedras refugadas. Um com semidesfeito pelos pedreiros tem uma pia dessas que de ser feitas pela natureza... pois manda truco! Não tinha com que medir, mas acho que há de ter uns 50 cms de diâmetro.


Perto desta pedra, e quase imperceptível desde o caminho, existem as ruínas doutra edificação. Deveu ser uma obra de boas dimensões, mas agora tudo está comesto pelas silvas. Os muros, de perpianhos bem lavrados, e algum deles de considerável tamanho, aproveitaram um grande rochedo como parte do paramento. Estas pedras inclusas nos muros são algo que tenho observado em várias casas de Rianjo e não deixa de ter um certo ar troglodita.



Em definitiva, que paga a pena ir até aló. Normalmente gosto de editar os meus postagens depois de documentar-me, perguntar a gente, saber quanto se pode daquelo do que vou falar. Hoje só queria transmitir a minha emoção ante a primeira olhada a um lugar tão especial.

Dada a sua proximidade a Rianjo, de praias como Tangil ou o Tronco, resulta estranho que não fosse aproveitado o seu potencial turístico. Dá para fazer percursos conectadas quiçá com Brião ou Abuim, criar um circuito etnográfico que nos leve desde aqui à eira das graneiras de Meiquiz, ao Moinho do Rio do Mar no Rial, à Aldeia mal chamada Maldita de Abuim...

Meu Rianjo, que bonito és!